No lloró. Sonrió. Me dijo que durante cuarenta años pensó que ella no lo había querido, y que morir sabiendo que sí lo había querido cambiaba todo. Murió tres semanas después, en paz.
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No lloró. Sonrió. Me dijo que durante cuarenta años pensó que ella no lo había querido, y que morir sabiendo que sí lo había querido cambiaba todo. Murió tres semanas después, en paz.